Porción 41 Pinjas 2024

La porción de hoy trata sobre temas relacionados con el verbo hebreo "natan", que se traduce como dar, conceder o recompensar. Son muchas las escrituras sobre el camino de la humanidad y el gran juicio que le espera. El paso del tiempo, junto con la vida acelerada, ha hecho que dejemos de pensar en esto. Sin embargo, las pruebas que dejaron el diluvio o el mar muerto son testimonios que debemos tomar como advertencias de lo que está por venir.

Lucas 17:26-30 ¿Acaso Dios castigó al hombre por comer, beber, casarse o trabajar? ¿No es necesario todo esto para la vida humana? El juicio no es por hacer o no hacer algo de lo cual no tienes conocimiento; todos ellos conocían a Dios y sus leyes. El juicio fue porque se olvidaron de Él y siguieron los placeres de la vida sin la regulación de la ley, obteniendo lo que fuera sin importar nada ni nadie. El punto de lo que ocurrió en estos dos juicios es muy similar a lo que pasó cuando Israel se asentó en Shitim y será igual en los últimos días.


En Mateo 16:26-27, Yeshúa nos advierte que debemos invertir más tiempo con Él, siguiendo una vida en el renovado pacto, es decir, imitando a quien representa a Dios en amor, compasión y servicio, en lugar de andar en lo que la mayoría considera lo mejor: riqueza, reconocimiento y placeres. Por nuestra naturaleza mortal, a veces le damos más importancia a lo material, la comida, la salud, el vestir, etc., ya que son necesarias para la vida. Pero, una vez cubierto lo básico, la naturaleza pide más y más cosas innecesarias, dedicando todo el tiempo a la búsqueda desenfrenada de lo que el mundo ofrece. Sin darnos cuenta, caemos en una especie de idolatría al dedicar todo nuestro tiempo a lo material, y en un determinado punto, hemos reemplazado a Dios. Considero que es idolatría todo aquello a lo que se le dedique más tiempo que al tiempo de Dios. Dios, en su ley, nos da los tiempos para dedicarle a Él.


Esta vida tiene límites; el hombre fue llamado mortal. Nada material de esta vida pasará a la vida porvenir. Yeshúa recompensará de acuerdo a cómo vivamos esta vida, ya sea alejados o cercanos a Él, a la ley y a Dios.


Romanos 2:6-11 La recompensa de vida eterna es para los que perseveraron en hacer el bien. El juicio de ira es para los que se oponen a Él, desobedientes de la Ley y obedientes a la maldad. Tribulación y angustia para los seguidores de la maldad, tanto de la casa de Judá como de la casa de Israel. A este reino dividido en dos casas se le dio la ley; escuchó la voz de Dios y Moisés fue el intercesor de ellos escribiéndola en cinco libros. El Mesías Yeshúa ha venido a redimir a estas casas divididas y esparcidas por las naciones, que olvidaron la ley de Dios. Y de una sola vez, mediante un sacrificio, volverlos al pacto. Gloria, honra y paz a todo el pueblo de ambas casas que volvieron al pacto renovado por Yeshúa, haciendo lo bueno.


En los diferentes temas de la porción de Pinjas, Dios otorga:


A Pinjas, por representarlo en su celo, el pacto de paz y el pacto de sacerdocio perpetuo.

A Madián, por la hostilidad, los planes ilícitos contra Israel y el episodio de Kozbi, le otorga juicio con la derrota en la guerra.

A la segunda generación de Israel, por el amor a los padres, por salir de Egipto y seguirlo, Dios les otorga la Tierra como herencia.

Lo que estamos viendo es una analogía del Mesías como representante de Dios en la vida de Pinjas. Si Pinjas no hubiera actuado, una tremenda y veloz epidemia de muerte habría terminado con la existencia del pueblo. Desde el momento en que el príncipe de la tribu de Shimon mostró su idolatría ante los líderes de Israel, hasta que tomó la lanza y los mató en su tienda, murieron 24 mil. Casi la mitad de una de las tribus, siendo la más afectada según el censo, la tribu de Shimon. Si el Mesías Yeshúa no hubiera actuado, Israel estaría dividido, olvidado de la ley, apartado de las promesas y en un camino de muerte.


El juicio por la casa empieza. En aquel día, todo aquel que pactó con Dios y se olvidó de Él, dedicando su tiempo a lo que este mundo ofrece y olvidándose de la ley y de los tiempos dedicados, Dios no les concederá la vida ni el reino. También el juicio de ira es contra los que se oponen a Él, a su reino y a su ley, en este caso Madián. Pero el que volvió al pacto, en el gran amor mostrado en su sacrificio y dedicó su vida a Dios en los tiempos señalados, recibirá por herencia la vida eterna en su reino en la tierra de Israel.


Analizando el pecado, este comenzó en el pueblo con personas que no eran dirigentes ni jueces. Es más fácil convencer a quienes no están preparados; todo dirigente del pueblo tiene como mandamiento leer y escribir la ley. Esto no minimiza lo que hacen, pues están a unos metros de la herencia, pero la falta de conocimiento, aunada a los placeres carnales del culto idolátrico —comida, bebida y sexo— segó a muchos, estando muy cerca de la Tierra. Esto nos deja la enseñanza de lo imprescindible que es el estudio de la ley y la cercanía a Dios en sus tiempos señalados, para que ningún extraño, por más satisfactorio que sea su culto, pueda engañarnos.


¿Qué pasó con los líderes del pueblo que permitieron que continuara este culto? ¿Estaba escondido el pecado? ¿Fue tan repentino que los sobrepasó? El hecho es que, después, hasta los mismos principales del pueblo estaban sumergidos en ello.


Dios habla a Moisés, quien entendió el verbo hebreo “iaka” como “matarlos”, mandando así a los jueces. La gota que colma el vaso, desencadenando la ira de Dios, es el actuar de un príncipe de la tribu de Shimon, quien, a la vista de Moisés y de los jueces, acercó la idolatría con una princesa madianita.


El ahorcar o desarticular a los principales caídos en el culto idolátrico a la vista de todos (frente al sol) los haría recapacitar, pero este insolente se adelanta al plan y, a la vista de todos, lleva el mensaje al pueblo de que no hay consecuencias por abandonar a Dios. Esto es una profecía de un príncipe y sus sectarios en contra de Dios y de su ley que se levanta en los días del fin.


Con esto podemos comprender un poco más el celo que siente Pinjas representando a Dios. No es un acto fanático ni impulsivo. Tan cerca de la herencia, vio el levantamiento del opositor, que busca que el pueblo no heredé y que no llegue el reino de Dios.


Pinjas es un hombre valiente. A pesar de la orden de Moisés a los jueces de matar a los príncipes, él actúa solo y a la vista de todos, exponiendo su vida no solo con la tribu de Shimon, sino también con el pueblo de Madián. Pinjas hace recapacitar al pueblo.


¿Le parece similar esta valentía con aquella del Mesías que murió y al tercer día resucitó?


A veces se nos hace difícil expresar amor; imagine expresar celos. Se han adquirido formas no adecuadas para expresar nuestros sentimientos. Tanto en la ley, como aún más en la vida del Mesías, es como podremos limpiar nuestras expresiones. Con ambos testimonios, expresaremos el verdadero amor y realmente conoceremos el celo.


Hoy en día, los celos se definen como el deseo exagerado de posesión exclusiva, donde abundan desconfianza, reproches, angustias, tristeza y estrés. La ley enseña que el celo brota en la incertidumbre y se puede confundir con envidia. Más el celo es “algo que consideras tuyo”: riqueza, fructificación, liderazgo, compromiso marital. Pero, como hablamos al principio, nada de este mundo es para en el porvenir. Pinjas celó lo que realmente debemos celar: El camino a la eternidad con nuestro Rey y nuestro Dios.


Shabbat Shalom.

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