Porción 46 Ekev 2024


Deuteronomio 7:12 La Palabra hoy nos revela el resultado final del pueblo de Dios: cómo podemos alcanzar la herencia y ser salvos ante la disyuntiva entre la obediencia a la ley y la gracia proveniente de la fidelidad del Mesías.

Pareciera que es algo muy simple de entender, profundizar y practicar: la obediencia al pacto. La sencilla fórmula de oír, guardar y hacer las leyes de Dios, es decir, el pacto. Dios guarda el pacto. Es recíproco: ambas partes están comprometidas en cumplir con lo que les corresponde. Por parte del pueblo, la obediencia; y por parte de Dios, el otorgamiento de la herencia. Además, Dios ofrece algo más: "misericordia". Esta es una de las palabras que se traducen tanto como “rajem” o “janán”, pero la palabra hebrea es “jesed”. ¿Por qué Dios también da "jesed"? ¿Acaso no es suficiente con guardar el pacto?

Deuteronomio 9:4-5 No se debe considerar que la herencia se recibe solo por acciones de bondad o por hacer lo correcto. Pareciera ser contrario a lo que Dios nos dice. Al rey Salomón, en 1 Reyes 9:4-5, Dios le promete el establecimiento de un reino perpetuo por andar en integridad y rectitud en el pacto. Sin embargo, este no fue el camino seguido ni por el rey ni por el pueblo. Por lo tanto, hay algo más que la reciprocidad en el pacto. Dios guarda el pacto cuando el pueblo lo guarda. La pregunta sería: ¿Qué debe hacer el pueblo para recibir el “jesed” de Dios? En el texto no se indica algo que deban hacer.

¿Qué es el “jesed”? Strong H2617 lo define como bondad, benevolencia, piedad. Aparece 21 veces en la ley y solo tres veces en el libro de Devarim, como señal de la Palabra hecha carne que resucitó a vida eterna en tres días y tres noches.

Génesis 19:19 Lot utiliza la palabra "benevolencia" al salvar su vida, al igual que Abraham, cuando le pide a Sara decir que son hermanos para salvar su vida.

Génesis 24:12, 14, 17 El siervo de Abraham la utilizó tres veces para que Dios deparara el suceso de la elección de la esposa de Itzjak, siendo ella de la casa de Abraham. El siervo no va directo a preguntar por el hermano de Abraham, sino que lo deja bajo el “jesed” de Dios a Abraham.

Génesis 39:21 La benevolencia de Dios se manifiesta cuando Yosef cae en lo más bajo en Egipto, siendo un esclavo preso, y le otorga, en su menguar, el liderazgo.

Éxodo 15:13 Moisés utiliza el “jesed” con la liberación del pueblo.

“Jesed” se puede confundir con la palabra “tzedaká” (dar al necesitado), pero este concepto es más elevado que la “tzedaká”, pues se puede demostrar “jesed” sin bienes, como el hecho de dar al necesitado o al rico, incluso a un vivo o a un muerto. Se puede definir el “jesed” como una expresión del verdadero amor. Sus símbolos paleohebreos representan al buen matrimonio (jet), el buen porvenir (samej) y la ayuda de Dios para vencer la inclinación al mal (dalet).

Juan 3:16 El “jesed” es la ayuda para definir nuestra vida, demostrando la importancia en la toma de decisiones y en las responsabilidades fundamentales de la vida presente y futura.

El mayor acto de amor mostrado al pueblo ha sido el envío del Mesías por parte de Dios para que el pueblo alcance su propósito en la vida, la herencia y la vida eterna mediante el “jesed”. Este acto benevolente ha enseñado a obedecer, profundizar y cumplir el pacto, ya sean mandamientos, estatutos, regulaciones, observancias o leyes. Finalmente, ha permitido que todo el pueblo de todas las épocas retorne al pacto al abrir el endurecimiento del corazón y la mente por medio de su gran expresión de amor.

Efesios 2:1-3 El “jesed” se dio sin que el pueblo tuviera que hacer algo. Al dejar el pacto, el pueblo se encontró “muerto por el pecado”, pues el pago del pecado es la muerte. Se caminaba en una ley corrupta y bajo la dirección del aire, es decir, sin propósito ni sentido, perdidos en los deseos básicos de la vida, olvidando el verdadero propósito de alcanzar la herencia.

Efesios 2:4 Dios es grande en “jesed” (Éxodo 34:6), magnánimo en la benevolencia y en la verdad. La gran expresión de amor, el “jesed”, provoca el despertar del pueblo, llevándolo de regreso a las sendas de Dios, al pacto, con la esperanza de la futura restauración del reino.

Efesios 2:5-6 El perdón por haber olvidado el pacto y la restauración del mismo nos ha dado vida a través de la muerte y resurrección del Mesías. Es un favor, una gracia, por la cual no tuvimos que hacer nada para merecer su salvación y compromiso, pues es un don de Dios para alcanzar la eternidad junto a Él.

Efesios 2:7-9 El “jesed” abundantemente mostrado es para alcanzar el reino, la herencia y la vida eterna. No había nada que pudiéramos hacer. Dios favorece mediante la vida fiel del Mesías; por lo tanto, nunca se podrá decir que fue por nuestra justicia. Es la justicia del mismo Creador, quien, al dar su vida perfecta en sacrificio, ha renovado en nuestra mente y corazón el pacto, de modo que nunca más lo quebrantaremos.

Efesios 2:10 “Creados en el Mesías Yeshúa para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano”. ¿Cuándo fue que Dios preparó esas obras para que camináramos en ellas? El día en que Él habló a todo el pueblo en el Monte Horeb (Éxodo 20:1) y dio el pacto, y el pueblo pidió a Moisés que acercara las demás palabras.

Las buenas obras son las acciones del pacto que hoy Moisés nos pide obedecer, guardar y hacer para vivir en la herencia. Es, pues, la salvación y la vida eterna por el gran “jesed” mostrado y por la renovación de la vida en pacto, los dos testimonios del pueblo de Dios0 Las pequeñas demostraciones de “jesed” entre nosotros, que nos ayudan a regresar al propósito de la vida mediante la gracia y la obediencia, son altamente valoradas por el futuro Rey de Israel (Mateo 25:40).

Shabbat Shalom.

 


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