Porción 02 Noaj 5785


De Adam a Noaj pasaron diez generaciones en un largo tiempo de más de 1,000 años, pues la mayoría de ellos vivió cerca de los 900 años. También, desde Shem a Abraham son diez generaciones en un tiempo de 465 años, con un promedio de vida de 300 años. Claramente, el juicio del “mabbúl” (diluvio), no solo cambió la superficie terrestre —los cuatro ríos del Edén ya no fluyen del mismo lugar—, sino que también trajo cambios significativos en la longevidad de la vida humana. Ya no se riega la tierra con el vapor el agua que la cubría, pues el efecto invernadero ya no existe. Desde ahora tenemos un corto tiempo para ordenar nuestra vida conforme al pacto de Dios.


El diluvio se originó porque la tierra estaba corrompida y llena de violencia. En Génesis 6:11-13, se menciona la tierra (eretz), término que no solo especifica el globo terráqueo sino también una región o un país. En los días de Noaj, existía un país con una sola lengua, por lo que se destruyó la nación que no cumplió con su propósito. Dios establece el juicio por la misma causa, destrucción. “Se corrompió y la destruiré” es el mismo verbo hebreo (shajat). Dios los va a arruinar, pues ellos ya están arruinados. Ellos invalidaron el pacto, por lo tanto, Dios queda libre de este.


Violencia (“jamás”) tiene el significado de perjuicio o injusticia, es decir, vivir la vida apartado del compromiso del pacto, actuando según nuestra completa voluntad y satisfaciendo lo básico de la vida por sobre todo, sin importar el daño causado a los demás. 

El segundo mandamiento es el trato del prójimo como a uno mismo, algo que se perdió en la antigüedad. Prácticamente vivimos tiempos similares, el “yo” por sobre todo “yo”, en un mundo donde las leyes se hicieron para quebrantarse satisfaciendo mi causa. Anuncian la próxima futura corrupción y juicio del mundo. En Mateo 24:12-13, se menciona que en los últimos días escasearán la caridad, bondad y amor, pero quien permanezca en el renovado pacto será restaurado. Aquel que construye su arca podrá subirse a ella para la salvación de vida.


Noaj tuvo que fabricar un arca con especificaciones muy detalladas dadas por Dios, en las cuales cada detalle apunta al representante de la salvación, la Luz de la humanidad.

Tuvo que construir una caja de acuerdo con las dimensiones dadas, a la cual llamó “tebah", un término que no necesariamente se refiere a una embarcación. Las letras “tav, bet y hei” en los símbolos paleohebreo la definen como: “La marca del pacto a la casa en su amor”. Es el medio de salvación que deja marca en los redimidos, por la expresión más grande de amor. “Porque El Señor amó tanto al mundo, que dio a su único e incomparable Hijo, para que todos los que en Él confíen puedan tener vida eterna, en lugar de ser completamente destruidos.” (Juan 3:16)  Por lo tanto, tenemos que el arca representa el sacrificio voluntario del Mesías, enviado para salvación, que deja marca por haber restaurado el pacto.


En Génesis 6:14, la “tebah” es elaborada con “madera resinosa”  o de árbol de gofer. El árbol alude al guardián de la fidelidad y “gofer” al libre albedrío dado para escucharlo. Que se elabore con madera de gofer revela que el pacto y su renovación no se imponen de manera obligatoria, sino que nace de la elección de nuestro corazón. (Juan 1:11-12)


“Aposentos o compartimentos”: La tebah se divide en espacios según su propósito o las personas y animales que estarán en ellos. En aquel día, en el tiempo del reino del Heredero, los renovadores del pacto tendrán un cargo o un servicio en el reino, conforme al llamado de su redención. (Juan 14:2)


“Recubierta por dentro y por fuera con pez”: Hace alusión al reino que participará de la expiación, incluyendo a ambas casas; la expiación del interior a Judá y la que está esparcida o afuera, a la casa del Norte, Efraín. “Pez” alude al pago de su rescate, redimidos por el precio del Mesías. (1 Corintios 7:23 y Hebreos 9:12)


En Génesis 6:15-16 se describe el arca como un espacio de tres pisos, de 300 x 50 x 30 codos, es decir, aproximadamente 3,000 metros cuadrados. Resulta físicamente imposible meter a todas las especies de animales en un solo arca, así como es imposible que en aquel tiempo lloviera tanto como para que en 40 días el agua alcanzara más de 8,000 metros de altura.


Vivimos en un mundo regido por leyes físicas y creado de forma milagrosa. Nosotros mismos somos materia física moldeada del barro, nacidos a la vida milagrosamente por Su hálito de vida. Somos tanto parte de la física como del fenómeno que no puede ser explicado por sus leyes, lo cual nos invita a confiar y a creer más allá de la lógica o de lo tangible.


(Juan 2:1-11) Al “tercer día” después de haberse revelado Yeshúa a Natanael (“El regalo de Dios”) como el Mesías que hará grandes milagros, el mayor de ellos siendo el significado del nombre Natanael: el acercamiento del pueblo a Dios mediante su sacrificio. Yeshúa es invitado a una boda donde el vino se termina.


“Que sea la mamá quien le dice sobre la falta de vino” muestra que al padre primero se honra (Éxodo 20:12) y a la madre primero se reverencia (Levítico 19:3), siendo la madre una representante del perdón, mientras que el padre representa el juicio.

“¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora” no es una actitud de reclamo a su madre, sino una expresión que ayuda a entender la misión encomendada al Mesías. Es una referencia a la redención mediante su sacrificio y el acercamiento del pueblo a Dios renovando el pacto.


“Seis tinajas” (keli jéres) son vasijas de cerámica que simbolizan el potencial que tenemos ahora en la enseñanza redentora y en una obediencia genuina al pacto. El número seis, o la letra “vav”, representa una estaca que nos une y asegura a Dios. Estas vasijas están vacías y deberían contener el agua mezclada con la ceniza de la vaca roja, utilizada para la purificación ante la muerte.


Alejados de Dios y de su ley estamos como muertos e impuros ante Él. El gran milagro redentor ha traído el perdón de los pecados y la purificación a la vida eterna, por la sangre derramada en el sacrificio perfecto.


Desde una perspectiva puramente física, parece ilógico que el agua se convierta en vino, que el mar se divida en dos o que muchos sean salvados en una pequeña arca. Pero no estamos solos ni nacidos de la casualidad; somos parte del Creador de lo físico y eterno.  Creer en Él, en su plan, en sus promesas y en su ley nos aumenta en fe y fidelidad al pacto.


La suma de las dimensiones del arca es 380, lo que forma las palabras “atraer” y “nación”. Había más medidas de longitud, pero el Creador decide usar codos (amah); las letras definen el poder que expresará el pacto, es decir, el amor de Dios que redime al pueblo en Su sacrificio. Esto abrirá la mente dura y el corazón empedernido para una vida en pacto fiel y verdadero.


La medida del codo hasta el dedo medio es de aproximadamente 45 cm; lo más revelador son los huesos del brazo. El antebrazo está compuesto por dos huesos largos: el radio, que se encuentra del lado del dedo pulgar, y el cúbito, que está del lado del meñique.


La muñeca posee ocho huesos pequeños (huesos carpianos). Cada dedo consiste en un hueso de la mano (metacarpo) y tres huesos en los dedos (falanges), mientras que el pulgar consiste en un metacarpo y dos falanges.


El hueso radio representa a la casa de Judá, y el cúbito a la de Israel. Ambos están en la dinámica de la vida, en el correr y retornar, representado por los ocho huesos carpianos. Deben renovar su vida en el pacto fiel y verdadero (los cinco metacarpos simbolizan los cinco libros de la ley). Con el Mesías que muere y vive, las tres falanges representan su número como la señal del profeta Jonás. El radio, que está al lado del pulgar —que solo tiene dos falanges—, simboliza a la casa que no aceptó del todo al Mesías Yeshúa.


El húmero es el hueso que une al antebrazo con el cuerpo, siendo este una analogía del Mesías Yeshúa, quien une a la nación de Israel. El hecho de que el cúbito sea más grueso cerca del antebrazo revela la mayor aceptación de Israel a Él y a su renovado pacto, mientras que el radio es más grueso cercano a la muñeca, representando la casa de Judá, que cree que la salvación solo es por la ley.


En Génesis 7:7, subieron al arca Noaj y sus hijos (3), su esposa y las esposas de sus hijos (3), faltando uno para completar la perfección de tres veces tres. En Génesis 6:18, el faltante es el renovador del pacto, el salvador que nos une a la congregación de los primogénitos.


A pesar del tiempo que tomó construir el arca, Noaj no se dedicaba a dicha fabricación; quizás era carpintero o tenía nociones de la madera. Lo importante es que siguió todas las instrucciones sin dar espacio a la duda (Génesis 6:22): ¿flotará? ¿resistirá? Noaj cumple con lo encomendado con la confianza de que salvará su vida por la palabra del Pactante. La obediencia al pacto no es un simple cumplimiento de instrucciones y mandamientos, sino una relación basada en la fidelidad y la confianza.


Un ingeniero podría determinar que no es suficiente una sola puerta ni una sola ventana para tantos animales. Sin embargo, el Señor solo le especifica una ventana y una puerta. La primera vez no se llama ventana: en Génesis 6:16, la palabra hebrea es tzohar, mientras que en Génesis 8:6 es la palabra jalón (“ventana”).


Tzohar es como un tragaluz (claraboya) justo en el centro de la embarcación. Esta palabra también se traduce como “mediodía”, en relación a la mayor cantidad de luz y calor, a la hora de la comida y al tiempo de oración. Una sola entrada en la parte inferior y una sola ventana en la parte superior aluden al recorrido de una vida en pacto, alcanzando el máximo nivel de santidad en los tres lugares (atrio, lugar santo y lugar santísimo). Que primero se llame “Tzohar” representa la vida eterna del primogénito Yeshúa en fidelidad y amor; que luego se llame “Jalón” simboliza la eternidad de todos sus primogénitos que renovaron sus vidas en la enseñanza del primogénito heredero.


Después de la salvación del evento apocalíptico, se esperaría un cambio positivo en la vida humana. Los tres hijos de Noaj vivieron el juicio, siendo salvados por la gracia que halló su padre Noaj al vivir en pacto. Sin embargo, la historia se repite, por lo que Dios dice: “No habré de maldecir más a la tierra por causa del hombre, ya que el impulso del corazón del hombre es malo desde su adolescencia, y no habré de destruir más a todo ser viviente, como hice” (Génesis 8:21).


¿Qué sucedió con Noaj? ¿Fue muy duro vivir todo un año en el arca? ¿Acaso le afectó ser el último de los hombres? Cuestiones similares enfrentan todos aquellos que caminan en la fe redentora del Mesías. Llevar a cabo mandamientos que para la mayoría son insignificantes y vivir una vida contracorriente es una vida solitaria; incluso, seremos cuestionados y alejados de familiares cercanos, dejándonos la libre decisión entre esta vida y la fe en el Mesías para la vida eterna.


(Génesis 9:20-21) Noaj se hizo agricultor y plantó una viña. Le tomó más de cinco años cultivar, cosechar y producir vino fermentado. La muy resumida historia en dos versos indica que vivió un tiempo enfocado solo en la obtención del vino, lo que dio lugar al incidente con su hijo Jam y a la maldición sobre su nieto Canaán, sumado a la separación de su familia.


Otra historia con pocos detalles muestra que al menos uno de los tres hermanos anhelaba la supremacía de su linaje (más descendientes). Podemos suponer que existen conflictos entre los linajes de Noaj, y que está muy próxima su dispersión. Jam (“Cam”) quería ser más grande en descendencia y, siendo el menor, con solo cuatro hijos, deseaba obtener descendencia directa de su padre mediante actos prohibidos por la ley, lo cual resultó en la maldición sobre lo que anhelaba, dejándolo aún más reducido. (El pecado trae como consecuencia la maldición).


Noaj vivió 350 años después del diluvio, lamentablemente enfocado más en esta vida. Noaj conoció a los descendientes de los hijos de Shem, hasta los 58 años de Abraham. A sus 940 años, vivió la dispersión de su linaje por toda la tierra y presenció la confusión de lenguas. Sin otro diluvio, la humanidad se ha vuelto a arruinar, pero de una manera distinta y misteriosa. Dios prepara ahora una nueva arca de salvación mediante el llamado de aquel que será su mejor amigo y por quién serán bendecidas todas las familias de la tierra.

La nación de Israel es la nueva “tebah” de la humanidad.

Shabbat Shalom.




 

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