Porción 03 Lej Leja 5785


La narrativa disminuye significativamente el tiempo abarcado en comparación con los aproximadamente 1,500 años de Bereshit y 400 años de Noaj. Desde el llamado de Abram hasta su circuncisión solo pasaron 24 años. La historia se centra en el territorio concedido a los descendientes de Ham, todo lo que se conoce como Mesopotamia, desde Babel, Nínive, Canaán y Egipto. Es intrigante como algunos descendientes de Shem se quedaron en ese lugar e, incluso, se convirtieron en líderes. El idioma cotidiano en Babilonia durante los tiempos de Abraham era un lenguaje semita, como el acadio de Hammurabi, por lo que las naciones de Shem comienzan a conquistar a las de Ham.


Ur de los caldeos era una de las ciudades más ricas y avanzadas de la antigua Mesopotamia, situada en la región sur, cerca de la desembocadura del río Éufrates, en el actual sur de Irak. Se encontraba en el apogeo de la civilización sumeria, un periodo de gran florecimiento económico, cultural y religioso. La ciudad era un importante centro de comercio y cultura, con templos majestuosos, incluido el famoso zigurat de Ur, dedicado a la adoración del dios de la luna. Se practicaban cultos politeístas; la adoración de deidades estaba profundamente arraigada en la vida cotidiana, con rituales y sacrificios.

La ciudad estaba organizada en torno a una estructura social jerárquica, con una élite de sacerdotes, administradores y mercaderes, artesanos y agricultores. La vida en Ur seguía estrictas reglas sociales y religiosas.


En (Génesis 11:31) Teraj y sus hijos no emigran en búsqueda de un sueño o metas personales, ya que poseían una posición social elevada. Ur era una ciudad de primer nivel, que brindaba altos estándares de vida, por lo que Teraj recibe el mismo llamado que Abraham: la búsqueda de lo más importante, la continuidad de la Vida. 

La muerte de uno de sus hijos y la esterilidad de la esposa de Abram lo impulsan a emprender el viaje a Canaán, aunque se establece en Harán, una ciudad-estado de Mesopotamia similar a Ur en comercio y religión. Allí, los recuerdos y la nostalgia de Ur lo abruman.


En (Génesis 12:1-3), el Señor le hace a Abram una petición compleja: no se trata de un simple cambio de residencia, sino que debe abandonar “su nación, su lugar natal y la casa de su padre”. Dios le concede tres promesas a cambio: “un pueblo grande, un nombre engrandecido y la bendición de todas las familias de la tierra por su causa”.


Tratando de relacionar la petición con lo concedido, “tu nación y un pueblo grande” simbolizan la necesidad de Abram de dejar atrás sus raíces, cultura y dioses para recibir al único Dios verdadero y las leyes que los definirían como un gran pueblo (Deuteronomio 4:7-8). El acercamiento a Dios y la obediencia a sus leyes engrandecen al pueblo.


“Lugar natal y nombre engrandecido” reflejan la dificultad de abandonar el lugar de origen, lleno de recuerdos y vínculos emocionales. Cuando el pueblo de Israel regresó de Egipto, algunos no podían olvidar su identidad egipcia (Números 11:5). Engrandecer el nombre va más allá de cumplir con las leyes; implica emociones, experiencias y la creación de una relación constante en el servicio a Dios, demostrando la verdadera identidad. El Señor ha engrandecido su nombre en amor y misericordia al enviar al Mesías redentor, manteniendo así el pacto. En (Génesis 14:13), Abraham es llamado “hebreo” (ivri), término que alude a atravesar un río o el mar (Josué 24:2-3), más que al hecho físico, al paso por el pacto redentor, siendo el primer hebreo, “el guardián de la casa que inicia en el pacto redentor.”


“La casa de tu padre y la bendición a todas las familias de la adamah por tu causa”. La casa de los padres representa seguridad y calidez, además del liderazgo del padre. Abram debe independizarse, construir su propio camino, tomar decisiones y asumir nuevas responsabilidades. Su causa acarrea la bendición a todas las familias nacidas de la adamah, término diferente a eretz (tierra), que resalta de dónde somos formados y no dónde vivimos, es decir, la reunión del futuro reino del Mesías, Rey de Israel, con todas las familias formadas de la tierra.


La familia de Abraham será la nueva arca de salvación de la humanidad, elegida por Dios para recibir Su pacto y la oportunidad de expresarlo a través de la mayor demostración de amor (la redención del Mesías), creando así el reino eterno con todas las familias formadas de la tierra para bendición. El Señor lo preparó de antemano, con Abraham como origen de la simiente redentora de Su casa (Efesios 1:3-5). Este plan está en marcha, el arca se construye entre las naciones, expresando su pacto y esperando en confianza la llegada del futuro Rey de Israel.


Según el significado de los nombres de las diez generaciones de Shem a Abraham, Dios nos revela Su plan en el llamado de Abraham y su analogía mesiánica (Génesis 11:10-26):


Shem: de la raíz H8034, “nombre, reputación o fama”.

Arpajshad: sin derivación, sus símbolos muestran el poder del pacto redentor que cambia nuestra vida.

Shalaj: H9791, enviar a una persona.

Ever: H5676, cruzar hacia una dirección.

Paleg: H6388, río o dividir (los ríos son límites entre fronteras).

Reu: H7453, amigo.

Serug: H8276, estar entretejido o entrecruzarse.

Najor: H5170, resoplido (sonido estremecedor).

Teraj: sin derivación, sus símbolos representan la reafirmación del pacto (sello).

Abram: H87, Padre de lo Alto.

El nombre engrandecido (el sentimiento del corazón) comienza en el pacto mesiánico, en quien da la fuerza para producir el verdadero cambio en la ley. El enviado que cruza los límites (mortal-eterno), el amigo que entreteje la relación (Juan 15:15), al escuchar su voz y sellar el pacto redentor, enviado por el Padre de lo Alto.


No es solo la vida de Abram, es la analogía profética mesiánica de Yeshúa, redentor de Israel, el arca de todas las familias humanas, quien ha dado el llamado de volver a Dios y su pacto renovado en su sacrificio.  


El recorrido en el llamado de la salvación.


En (Génesis 12:4) Abram, a sus 75 años de edad (en la virtud de expresar), se encaminó hacia Canaán, tal como Dios le había ordenado. La Torah no detalla la ruta exacta,pero es evidente que el Señor fue su guía. En Génesis 12:6, se menciona que Abram llegó a Siquem (Shejem), junto a una encina llamada Moreh. La palabra Shejem proviene de un verbo que significa “hacer algo persistentemente”; en el paleohebreo, se interpreta como “la conversión en las acciones de la ley”. Este lugar sería, en los días de los descendientes de Abram, el escenario donde Dios les llamaría a rendir cuentas sobre su obediencia o desobediencia al pacto. La “Encina de Moreh” alude al aprendizaje que fortalece nuestra confianza en las promesas del Maestro, “A tu descendencia daré esta tierra”. “A tu descendencia daré esta tierra”. Así, el primer lugar simboliza la enseñanza y la obediencia al pacto.


En Génesis 12:8, se menciona el segundo lugar de su recorrido. Abram pasa primero por un monte al oriente de Betel antes de instalar su tienda entre Betel, al occidente, y Hai, al oriente.

¿Por qué se menciona el monte, aunque no sea un lugar donde se detuvo?

El monte simboliza el reino, la altura y la majestad, representando la alabanza y la adoración como expresión de admiración, amor y afecto hacia el Dios Altísimo, en pensamiento, palabra y acción. Sin embargo, esta expresión no surge primero de Abram ni de su pueblo, sino de Aquel que lo llamó (1 Juan 4:19; Oseas 11:1; Jeremías 31:3). Al pasar primero por el monte, Abram refleja que Dios nos amó primero y anticipa las acciones divinas para la salvación del linaje de Abraham.


“Betel” y “Hai” tienen significados importantes: “casa de Dios” y “un montón de ruinas”, respectivamente. Dios está en medio de ambos para, con Su gracia y amor, redimir al pueblo de Abraham de sus pecados y librarlo de la destrucción (Oseas 14:4-7).

“Tendió su tienda” alude al Mesías que viene a morar entre nosotros enseñando el pacto redentor en Su amor. El “proclamar el Nombre”, anuncia el llamado de la salvación bajo ese gran amor redentor.  Así, este segundo lugar representa la redención: por el desvió en el viaje hacia la muerte, el Mesías viene con el perdón y renovación del pacto, devolviéndonos a la casa de Dios.


El último movimiento de Abram en la Tierra, según Génesis 12:9, lo llevó hacia el sur, al Negev. Este destino final simboliza el resultado de lo que ha hecho el pueblo con la redención de amor.  Llegar al sur representa la adquisición de la marca en sus frentes, es decir, haber vivido conforme al pacto. El Rey Yeshúa vendrá a recompensar a los de Su casa: aquellos que construyeron su “arca” y esperaron en fe, confesando la llegada de este día glorioso.

Shalom. 

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